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Dr. Acevedo
Miscelanea - Asociacion iberoamericana de Logoterapia
 

Como Ayudar a Nuestros Hijos a superar las pérdidas cercanas de un ser querido
Por Ana Isabel De Ajuria R. | Especialidad en Logoterapia de SMAEL, México

El ritmo de nuestra vida es tan acelerado que lo último en que se nos ocurre pensar es en la muerte. La mayor parte de nuestro tiempo y de nuestra energía la utilizamos para conservar nuestra seguridad, rodeándonos de bienes, comodidades y demás cosas. Hasta que se produce algún cambio buscamos el remedio más rápido, alguna solución provisional y así a la deriva va pasando la vida hasta que una enfermedad grave o la muerte de nuestros seres queridos tocan a nuestra puerta.
Me llama la atención que en la sociedad actual evitamos el tema de la muerte. A pesar del progreso tecnológico, carecemos de una comprensión de la muerte, hoy en día se nos enseña a negarla, significa aniquilación y pérdida, nos da terror, el simple hecho de hablar sobre la muerte se considera morboso.
Las grandes tradiciones espirituales del mundo nos transmiten que la muerte infunde un sentido sagrado a la vida. Si la muerte es un hecho de la vida, ¿ Porqué desde que somos pequeños se nos prepara en todos los temas excepto aquel que encierra la clave del sentido total de la vida?.
Nadie en esta tierra, ni siquiera nuestros hijos, pueden estar protegidos de las pérdidas. Sin embargo, en nuestra cultura, desgraciadamente, se evita enseñar a sobrellevar la pérdida o a considerarla como una oportunidad para ir madurando.
En el Fedón (64 a) Platón nos asegura que el amor y el conocimiento son magníficas preparaciones para la muerte. Las experiencias de pérdida forman parte, inevitablemente, de todo acto de amor y son un auténtico reflejo del desarrollo del vínculo de un niño hacia sus padres.
Con esta investigación pretendo reunir el suficiente material para que los padres de familia obtengan la información necesaria y así logren una preparación para ayudar y acompañar a sus hijos pequeños en su duelo y a sobrellevar aquellos sentimientos que se experimentan por la pérdida de sus seres queridos.
Las bases teóricas de la Tanatología, la experiencia que ha tenido la Dra. Elizabeth Kubler-Ross en su trabajo con niños, el trabajo a través del arte como medio de comunicación, así como la narración de cuentos dentro de un marco logoterapéutico son las que me sirven como punto de apoyo para elaborar esta investigación teórica.

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA Y SU DELIMITACIÓN.

Por desgracia hablamos del tema de la muerte hasta que ésta llega a nuestra vida a través de alguno de nuestros seres queridos y es entonces cuando nos damos cuenta de las dificultades que se nos presentan. En primer lugar, el manejo de nuestros sentimientos en esos momentos de dolor nos impiden acercarnos de una manera objetiva hacia nuestros hijos y ahí es donde comienzan los problemas, por que ignoramos la manera de darles la noticia, desconocemos qué decirles y qué evitar decirles. Sucede que, como padres en nuestro afán de protegerlos del sufrimiento, los alejamos de éste enviándolos con alguna persona de nuestra confianza, mientras nos dedicamos a manejar la situación.
Por otra parte, nuestros hijos, ignoran lo que está pasando, perciben que las cosas funcionan de manera anormal, se sienten solos, aislados y finalmente en algún momento se llegan a enterar de la situación por terceras personas, cuando el tiempo tan valioso ya ha pasado y se ha perdido.
¿De qué manera podemos ayudar a nuestros hijos a superar las pérdidas cercanas de sus seres queridos?
La mejor manera de hacerlo es preparándonos. Lo ideal es abarcar este tema cuando el que muere es un amigo cercano a la familia, cuando se da alguna noticia, ya sea por radio, televisión o cuando muere alguna de nuestras mascotas, ya que en estas situaciones podemos manejar mejor nuestros sentimientos; es decir estamos menos inmersos en nuestro dolor, como el caso de alguna persona de la familia y, de esta manera, se convierte en una gran oportunidad que nos permite tomar alguna distancia y desde ahí manejar este tema. Darnos cuenta de que como padres de familia somos idóneos para tratar esta situación, es aquí donde la vida y su potencial; la muerte libraran una batalla, que como padres estamos llamados a enfrentar con amor, serenidad, conocimiento, prudencia, paciencia e inteligencia, individualizando y personalizando a cada uno de nuestros hijos y, por último, serenidad y consuelo necesarios para la elaboración del duelo.
Es muy importante estar conscientes que ante el sufrimiento inevitable tenemos un camino y podemos transformarlo en un sentido y esto es conociendo qué es lo que nos sucede, de qué manera actuamos, desde donde lo hacemos; en cuanto comencemos a aceptar la muerte como una parte muy importante de la vida, a hermanarnos con ella, tomando en cuenta que la base de todo esto es el gran amor que nos une a nuestros hijos, podemos hablarles de este tema acercarnos a ellos en su duelo y conocer algunos elementos para cumplir con este objetivo a través del juego, el arte o la narración de cuentos o historias.
Esta investigación se llevará a cabo de una manera teórica, basándome en la revisión bibliográfica de autores tales como la Dra. Elizabeth Kubler-Ross y el Dr. Víctor E. Frankl, así como en los conceptos aprendidos en el seminario avanzado de consejería Tanatológica, impartidos por el Dr. Fernando Gómez y El Psic. Víctor Ortiz.
La modalidad de este trabajo es teórica con una propuesta para elaborar un pequeño manual dirigido a los padres de familia en donde puedan encontrar dentro de un lenguaje accesible algunos conceptos que les permitan comprender qué es lo que sabe y siente un niño desde que es pequeño hasta que cumple 18 años, cuando afronta la pérdida de un ser querido, así como también consejos sobre cómo y de qué manera acercarse a ellos y acompañarlos en la elaboración de su duelo.

1.-COMPRENDER LA MUERTE.

Perder es desagradable, es digamos un mal trago, las pérdidas tienden a ser problemáticas; también nos brindan una gran oportunidad, la de convertirnos en seres humanos plenamente desarrollados. ¿Cómo afrontamos las pérdidas?, Cada uno las afronta de distinta manera según nuestra vida, las circunstancias, la educación y cultura recibida. Somos incapaces de ofrecer a nuestros seres queridos o a nosotros mismos la protección necesaria contra el peligro y el dolor, la vejez o la muerte...
Sin embargo, muchos de nosotros, como padres de familia, hemos intentado proteger a nuestros hijos, evitando que conozcan la muerte, pero sucede que la mayoría de los niños ya la conocen y están expuestos diariamente a ella. Algunos expertos han comprobado que cuando un joven cumple los 18 años de edad ya ha presenciado más o menos unas 18,000 muertes, todas ellas presentes en dibujos animados, películas, libros, programas de televisión, en las noticias, además de las personales.
Los niños, en algún momento de su vida, ven a un pajarito o a un gato muerto en la calle, ahí están presenciando la realidad de la muerte. Intentar protegerlos de ella es inútil. Los niños aprenden sobre la muerte de las observaciones que hacen en la vida diaria y como padres tenemos una gran oportunidad para enseñarles los conceptos básicos acerca de la muerte y el profundo dolor que ésta causa. Una gran oportunidad es cuando los niños experimentan la muerte de una mascota, ya que ahí podemos compartir con ellos nuestro punto de vista acerca de la vida y la muerte e invitarlos a que expresen lo que están sintiendo y lo que piensan. Si los niños aprenden sobre la muerte y el dolor que ésta provoca de una manera natural, se les facilita afrontar las crisis del futuro.
Darnos cuenta de que antes de hablarles de la muerte a nuestros hijos hay que examinar nuestras experiencias en torno a ésta; sobre todo las que se dieron en nuestra infancia, por que si en algún momento nuestra familia intentó ocultarnos o “ protegernos “ del dolor que causa ésta, es muy probable que utilicemos un enfoque parecido con nuestros hijos y entonces se pierde nuestro objetivo principal, que es el de brindarles ayuda emocional y prepararlos para la experiencia de la muerte.
A continuación se presenta un cuestionario que sirve para examinar cómo conocimos la existencia de la muerte.

1.- Cuando eras niño ¿Murió alguna de tus mascotas?, de ser así ¿De qué manera te explicaron su muerte?.
2.-¿Experimentaste una pérdida dolorosa?
3.-¿A qué edad recuerdas haber asistido a una ceremonia luctuosa para algún miembro de tu familia?
4.- ¿Recuerdas si alguien te habló del tema de la muerte y qué es lo que te contaron que le ocurre a alguien cuando muere?.
5.-¿Se manejó algún secreto familiar relacionado con alguna muerte?
6.-Si tu respuesta ha sido afirmativa en una o más de las preguntas ¿De qué manera lo viviste?

Con estas respuestas podemos descubrir cuál es la percepción que los niños tiene de la muerte en la actualidad. Como padres muchos de nosotros al desear proteger a nuestros hijos evitamos abordar el tema de la muerte y les transmitimos la propia negación de la muerte. En casos extremos, esta negación puede distanciarnos emocionalmente de ellos.
Al hablar con ellos del tema, la manera más indicada es hacerlo con verdad y franqueza. Compartir nuestros sentimientos de enojo, de dolor, de tristeza y confusión, es un proceso que les muestra que es normal que cualquier persona experimente fuertes emociones y las exprese. Al ser sinceros y honestos, les estamos demostrando ese importante aspecto de amor por parte de nosotros para ayudarlos a desarrollar la facultad, la capacidad de funcionar mejor en todas las situaciones de la vida y de adaptarse a los cambios.
Aceptar la muerte como parte de la vida disminuye las ideas negativas que se han venido dando a lo largo de la historia en nuestra cultura, y también nos permite afrontarla de una manera más sana.

2.- DUELO INFANTIL.

Hace tiempo se tenía el concepto de que los niños eran adultos en miniatura y se esperaba que se comportaran como tales. Hoy en día existe una mayor sensibilidad a las diferencias en el desarrollo infantil y otras etapas de desarrollo en el ciclo de la vida humana. Hay muchas diferencias entre el proceso de pena en los niños y en los adultos, lo primordial es la manera como lo manifiestan.
La principal diferencia entre el duelo de un niño y de un adulto, es que las expresiones intensas emocionales y de comportamiento son discontinuas en los niños. La pena en el niño puede aparecer de una manera más intermitente y corta que en los adultos, pero el proceso dura mucho más tiempo. Esto se puede explicar mediante el hecho de que la capacidad del niño de experimentar emociones intensas se considera limitada. El proceso de duelo en el niño generalmente tiene que ser analizado varias veces durante las etapas de su desarrollo y durante los hitos cronológicos. Ya que el duelo es un proceso que continúa a través del tiempo, los niños durante su crecimiento reexaminan la pérdida con frecuencia, especialmente durante los eventos importantes en su vida como pueden ser ir de campamento, su graduación en la escuela, su matrimonio o el nacimiento de un hijo.
A pesar de que la pérdida es única y altamente individualizada, varios aspectos afectan la manera en que el niño experimenta la pena: la edad, la personalidad, la etapa de desarrollo, las experiencias anteriores en las que se relaciona con la muerte, su relación previa con el fallecido, el ambiente, la causa de la muerte, la oportunidad que se le brinde de compartir y expresar sus sentimientos, la estabilidad de la familia después de la pérdida, el estilo familiar de manejar las tensiones, la forma de cómo se satisfacen las necesidades del niño, los recuerdos y sus relaciones con otros adultos.
Como se mencionó anteriormente los niños reaccionan a la pérdida de distinta manera que los adultos y pueden desconocer como demostrar sus sentimientos de una manera abierta. Además de la comunicación verbal existen otros métodos de comunicación que están a disposición de los niños en etapa de duelo como son el juego, el drama, el arte, los deberes escolares, y las historias. Normalmente no se encierran en su preocupación con pensamientos obsesivos acerca de la persona fallecida; usual mente se envuelven en actividades con otros niños y por ejemplo pueden estar muy tristes un minuto y jugando al siguiente. Este comportamiento es usualmente interpretado de manera errónea como que “ el niño no entiende “ o “ que ya superó la etapa del dolor “. Ninguno puede ser cierto; la mente protege de pensamientos y sentimientos que son demasiado fuertes para poderlos manejar. Los episodios de pena en los niños tienden a ser intermitentes debido a que ellos carecen de la capacidad de explorar de una manera racional todos sus pensamientos y sentimientos, como lo hace un adulto. Además, los niños tienen dificultad para expresar sus sentimientos acerca de la pena. Su comportamiento dice más que sus palabras. Los sentimientos de rabia y el miedo a morir, a ser abandonados pueden ser evidentes en su comportamiento. Los niños tienden usualmente a jugar a hacerse el muerto para desahogarse de sentimientos y ansiedades en un ambiente seguro. Estos juegos le son familiares y le proveen una forma segura de expresar sus sentimientos.
Naturalmente, cuando muere un ser querido, el niño se entristece, pero con frecuencia le invade un gran terror. Descubre que la muerte es real, que le ocurre también a las personas buenas. El mundo deja de ser el lugar seguro que el creía.
El niño que pierde un familiar cercano puede manifestar culpa, remordimientos, miedo, soledad, rencor e incomprensión. Este tema se expone adelante en el capítulo “ Manejo de Emociones “.
Cuando los niños pierden a uno de los padres durante la infancia o en la adolescencia pueden tener dificultades para elaborar su duelo adecuadamente y pueden presentar más adelante síntomas de depresión o de incapacidad para establecer relaciones íntimas durante la vida adulta.
Desde el punto de vista psicológico, existen diferentes posturas con respecto a la elaboración del duelo durante la infancia. Martha Wolfenstein sostiene que los niños pueden elaborar un duelo hasta que tienen formada su identidad por completo y esto se produce hasta el final de la adolescencia, cuando la persona está totalmente diferenciada. Erna Furman y sus colaboradores, por su parte, argumente que los niños pueden elaborar un duelo a los tres años de edad, cuando se adquiere la constancia del objeto, y Bolwlby baja la edad a seis meses.
Una tercera posición propone que los niños elaboran el duelo y lo que se necesita es encontrar un modelo de duelo que encaje con ellos, en vez de imponer un modelo adulto. Aunque los niños pequeños muestran conductas similares al duelo cuando se rompen los vínculos de apego, la cuestión principal se centra alrededor de su desarrollo cognitivo. Necesitamos cierto nivel de desarrollo cognitivo para entender la muerte, porque es imposible integrar algo que no podemos entender. Algunos de los conceptos que son necesarios para entender plenamente la muerte son: el tiempo, incluyendo el sentido “para siempre “, la transformación, la irreversibilidad, la causalidad y la operación concreta. Piaget sugiere en sus estudios, que las operaciones concretas están desarrolladas sólo en los niños de más de siete u ocho años.

Los componentes del duelo son tres:

A).- Pena.- Están presentes el dolor y el sufrimiento, es la manifestación de nuestras emociones ante la pérdida.
B).- Luto.- Es esencial, ya que nos permite codificar el dolor.
c).-Aflicción.- Es el recuerdo que nos reafirma la presencia del duelo, como puede ser ver una fotografía.
El niño vive naturalmente estas etapas, la única manera de vivir el duelo es sintiendo y para elaborarlo es necesario enfrentar el sufrimiento.
2.1.- El Concepto de muerte en los niños según diferentes edades.

Para profundizar un poco más en el duelo infantil, describo a continuación en forma simplificada el concepto de la muerte en los niños según las diferentes edades, es importante hacer notar que las edades son estimadas, ya que cada ser humano es único e irrepetible y lo mismo sucede con sus procesos y vivencias.

Lactantes.- Desde el nacimiento hasta los 12 ó 14 meses.

Aunque los lactantes desconocen lo que es la muerte, los sentimientos de separación y pérdida son parte del proceso de crear una conciencia de lo que es la muerte. Los niños que han sido separados de sus mamás, sufren un cambio repentino, el vínculo se rompe y los bebés pueden sentirse inquietos a intuir la pérdida materna y descubrir nuevos rostros y voces a su alrededor, pueden exhibir una conducta apática, callada y no responder a sonrisas y arrullos. También pueden observarse cambios físicos como la pérdida de peso, el desvelo y la falta de actividad.
Es posible que un bebé no perciba la muerte de un hermano, de un padre o de algún otro familiar; sin embargo, sí puede percibir los sentimientos de dolor y angustia de la madre. Una muerte en la familia interrumpe rutinas de alimentación, es común que la madre se ausente por períodos largos. Aunque los bebés carecen de la comprensión del significado de lo que sucede alrededor si perciben los cambios y los estímulos negativos que hay en su entorno. En este caso, lo que se puede hacer es tratar de que la rutina del bebé sea lo más normal posible. Si la que fallece es la madre lo que más conviene es tratar de sustituir lo más pronto posible la figura materna, ya sea con la presencia de alguna tía , abuela o alguna persona dispuesta a quedarse con el bebé con regularidad.

Edades entre 2 y 3 años.

Alrededor de esta edad el niño carece de conciencia de la muerte y únicamente la relaciona con un abandono temporal de los padres, a medida que los bebés de esta edad van tomando conciencia de que falta alguien importante en su vida reaccionan con rabietas y arranques de ira, como una forma de expresar su desesperación, su frustración y como un intento de hacer volver a la persona fallecida.
También presentan una falta de interés hacia sus juguetes, la comida a sus actividades y retoman otras conductas infantiles como un modo de enfrentar la angustia.
La mejor manera de apoyar a los bebés durante el proceso de duelo de la familia es intentar que todos le ofrezcan amor y apoyo incondicional, abrazarlos y tranquilizarlos, decirles con suavidad que ha ocurrido algo muy triste. Si el niño pregunta constantemente .si papá está triste hay que reflejarle sus propias palabras y decirle - sí papá está triste el confirmarles esto los tranquiliza. La experiencia de la pérdida se queda grabada en su memoria, con el tiempo es importante compartir los recuerdos y así ayudarlos a hablar de la pérdida a comprenderla y a recuperarse de ella.

Edades entre 3 y 5 años.

A esta edad los niños ven la muerte como una forma de dormir, piensan que la persona está viva pero limitada en alguna forma. Los niños no separan completamente la vida de la muerte, piensan que la persona muerta continúa viviendo, por ejemplo debajo de la tierra en el lugar donde fue enterrado y hace preguntas sobre actividades del muerto sobre si respiran, si comen, si van al baño, o si juegan. Los niños a esta edad pueden aceptar la muerte física, pero como algo gradual o temporal. Piensan que la muerte es reversible y no irrevocable, la interpretan como jugar al desconocido. Su concepto de muerte puede tener un componente de pensamiento mágico; es decir, la idea de que sus pensamientos forman actos. Los niños pueden temer que hayan hecho o pensado algo malo que causó que la persona enfermara o se muriera. Los niños menores de cinco años pueden presentar trastornos en la alimentación y el dormir, así como en el control de los esfínteres como respuesta a la muerte..
Es muy importante definir a los niños la muerte como el hecho de que el cuerpo se detiene del todo. Explicarles que una persona o animal que ha muerto no puede caminar o sentir. Los niños que ven al difunto en un ataúd, pueden pensar que está durmiendo, explicarles que el estado de la muerte es diferente al dormir, ya que el cuerpo no se despierta. También pueden desarrollar el miedo a ser enterrados vivos. Si un ser querido muere en un hospital, los niños pueden sacar la conclusión que la gente va a estos lugares para morir y tener miedo si necesitan ir a un hospital por cualquier razón. Explicarles que todas la personas que trabajan en estos lugares intentan salvar y ayudar a los enfermos, pero que a veces esta ayuda no funciona por que aquella persona estaba “ muy , muy, muy enferma “ o “ era muy, muy muy , mayor “. Esta explicación es especialmente importante para los niños que se resfrían o que les duelen los oídos y que tengan que asistir a algún hospital o bien, aquellos que han visto a sus padres o hermanos padecer alguna enfermedad leve.
Una forma de comprobar si han entendido lo que es la muerte es preguntarles simplemente ¿qué opinas de ello?. Su respuesta refleja si ha captado bien la información y aprovechar para complementarla con el objetivo de equiparlos con un suficiente conocimiento práctico, basado en los hechos para que comprendan qué es la muerte, cómo y cuándo sucede y de qué modo reaccionamos cuando ésta ocurre.

Edades entre 6 y 9 años.

La mayoría de los niños a esta edad comienzan a mostrar curiosidad acerca de la muerte y sus causas, sobre la visita de sus padres a un velorio ,a un funeral , al cementerio inclusive hacen preguntas concretas acerca de qué le pasa al cuerpo una vez que éste deja de funcionar. La muerte es personificada como si fuera separada de la persona o el espíritu: un esqueleto, un fantasma, un ángel de la muerte o simplemente “ el coco “. Los niños piensan que la muerte es real , irrevocable, atemorizante y universal. Aunque se apegan a alguna de sus fantasías son capaces de captar la realidad; sin embargo, faltan habilidades para afrontarla o reaccionar a ella racionalmente. La muerte de un ser querido constituye un trauma que pone seriamente a prueba su capacidad para afrontarla
A veces son capaces de afrontar esta situación creando un marco de reglas o directrices para “ protegerse “ de la muerte. Toman una mayor conciencia de los posibles peligros y de la necesidad de tenerlos presentes para conservar su vida. Evitan cruzar la calle cuando los coches están circulando, salir solos en la noche o hablar con desconocidos. Cuando fallece uno de los padres el niño puede sentirse abandonado por ambos, el padre que se murió y el que está vivo, ya que el padre o la madre que sobrevive se encuentra inmerso en su propio dolor y es incapaz de brindarle el apoyo emocional necesario.
Tomar en cuenta que hay que dedicar un tiempo especial para hablar tranquilamente con ellos sobre sus miedos y preocupaciones. En lugar de dar sermones, es importante escucharlos, ya que esto les permite hacer valiosos descubrimientos sobre su estado emocional. Durante la conversación surgen una gran cantidad de preguntas para contestarlas es necesario basarse en los hechos y con tranquilidad ofrecerles la estabilidad y la seguridad necesarias. A medida que se sienten más seguros y cómodos al hablar sobre la muerte, el miedo, la ansiedad, la tristeza y la confusión disminuyen notablemente.

Edades de 9 años en adelante.

Cuando el niño cumple los 9 años el concepto de muerte que tiene es parecido al de los adultos. Es posible que aún tenga algunas preguntas con relación a creencias religiosas y culturales, depende de cómo hayan sido educados y qué deseen saber más cosas sobre el cielo, el infierno y la vida del más allá. Su comprensión del futuro está más desarrollada, piensan en términos de cómo la muerte de un ser amado transforma su vida, algunos preadolescentes pueden negar que la muerte haya cambiado su vida e insistir en que “ no sienten nada “ o “ no les importa “, y mostrar después cólera o incluso una conducta violenta. Los preadolescentes tienen también un sentimiento mucho más acusado de su mortalidad. Los estudios han demostrado que piensan sobre su propia muerte, pero que a menudos bloquean o subliman estos sentimientos para evitar afrontarlos.
Al cumplir los 12 años, el adolescente cuenta con mejores habilidades de afrontamiento. La pérdida a causa de una muerte se experimenta y se expresa de maneras diversas en diferentes fases evolutivas. Su estado emocional está constantemente agitado y cambiando. Por un lado, abrazan la vida plenamente y están convencidos de su inmortalidad y omnipotencia, por otro, el impacto de la muerte tiende a aumentar la agitación emocional que experimentan. Sus reacciones pueden variar ampliamente y cambiar de pronto del miedo a la cólera, a la culpabilidad, a la negación y a la regresión de pensar como un niño.
Al igual que los preadolescentes, los adolescentes luchan con el hecho de ser conscientes de su propia mortalidad. Muchos han tenido ya alguna experiencia con la muerte, quizás la pérdida de algún abuelo y recuerdan el dolor y la tristeza que sintieron. Es posible que alguno de ellos caiga en depresión, se aparten de los amigos y de alguno de los miembros de la familia , se aíslen y se hundan en sus pensamientos. Pueden volverse más callados de lo normal y pasar muchas horas durmiendo.
Para ayudarlos a elaborar su duelo, basta con recordar todos los sentimientos de cuando se era adolescente, ya que con esto se logra un contacto con las emociones intensas y conflictivas de la adolescencia y se facilita la comprensión hacia el adolescente que pasa por este difícil trance.
En el período que sigue al deceso, ofrecerles una oportunidad de salir con sus amigos, ya que el apoyo que existe entre ellos les consuela durante esta dolorosa época. Muchos adolescentes se benefician al asistir a un grupo de apoyo en donde puedan expresar sus sentimientos con otros jóvenes que comparten edad y experiencias similares.
Los adolescentes necesitan una guía y una estructura, intentar mantener unida a la familia y motivarlos a desempeñar un papel importante dentro de ella, asumiendo sus responsabilidades, como puede ser ayudar a sus hermanos más pequeños, esto les brinda una sensación de seguridad , los lleva a una derreflexión, es decir sus pensamientos salen de sí mismos hacia sus hermanos y esto les ayuda a elaborar su propio duelo.
Es de vital importancia brindarles el apoyo necesario, así como permanecer a su lado, darles permiso para llorar y experimentar sus sentimientos para que con el paso del tiempo disminuya el dolor por el que pasan en esos momentos.

2.2 Consejos generales para ayudar a un niño a superar las pérdidas.

El camino que tome un duelo está profundamente influido por la manera en que sea tratado por el padre sobreviviente, por los parientes, maestros y amigos durante las semanas y mesas que sigan a la pérdida.

Lo que se le dice al niño y cómo se le dice:

Los adultos suelen estar presentes cuando muere un pariente, si no lo están, la información les llega de todas maneras en forma rápida. En cambio en nuestra sociedad esto no ocurre con los niños y la información suele llegarles en forma tardía y equívoca.
Cuando muere uno de los padres , por lo general, el progenitor sobreviviente es el que informa a los hijos de este hecho, lo que obviamente es un paso penoso y difícil. En la mayor parte de los casos, esta información se entrega de forma inmediata, pero en algunos llega a postergarse por semanas e incluso meses. Ocasionalmente se le informa al niño que el padre muerto se ha ido de viaje o que está en el hospital. El padre sobreviviente es muy dado a decir al niño, que su padre o su madre se fue al cielo. En una familia devota se presenta sin mayores dificultades, pero cuando la familia es atea se crean dificultades pues hay una discrepancia entre la concepción de muerte del padre y lo que se le dice al niño. En este caso, para el niño el cielo no pasa a ser diferente de otros lugares físicos como Brasil o Noruega y comienza a preguntar dónde queda ese lugar y quiénes viven ahí. El niño suele creer que el padre muerto regresará pronto; por ejemplo: a un niño de cuatro años le dijeron que su padre muerto se había ido al cielo y el día de su cumpleaños lloró porque éste no llegó a verlo.
Otra explicación que se les da a los niños cuando muere alguien es que esta persona se ha ido a dormir, el niño no entiende que se trata sólo de una metáfora y para él el irse a dormir, pasa a convertirse en un hecho peligroso.
Ahora bien, los dos tipos de informaciones decisivas que se le deben entregar al niño son que:

-El padre muerto no regresará.
-El cuerpo se encuentra sepultado bajo tierra

Esta información es difícil de entregar por que el padre sobreviviente busca proteger al hijo de la impresión de la muerte y de la situación de duelo. Comúnmente se evita llevar al niño al entierro. Después de una muerte es recomendable que los niños sean incluidos en los planes del ritual. Esto les ayuda a recordar a la persona amada, si los niños desean asistir al funeral se les debe explicar en detalle y por anticipado lo que va a suceder en el funeral, por ejemplo cómo es el salón, quienes van a estar presentes, qué cosas van a ver: como personas llorando o rezando, la caja del muerto y sobre qué va a suceder durante la ceremonia religiosa. El padre doliente puede estar ocupado con su propia pena, por lo que es mejor recurrir al apoyo de un adulto de confianza o un familiar cercano que ayude al niño durante el servicio fúnebre.
Se debe tomar en cuenta que los niños interpretan rápidamente los signos o finge ser valiente envía a sus hijos un mensaje falso y esto los confunde, pueden pensar ¿Acaso no le importa a papá lo que ha ocurrido? O bien ¿por qué mamá parece estar normal cuando yo me siento triste?. Compartir el dolor disminuye la carga de todos.

Lo que se puede hacer desde una postura logoterapéutica:

1..- Brindar apoyo al padre sobreviviente.

El primer paso consiste en brindar apoyo al padre sobreviviente, de tal manera que pueda reflexionar sobre lo ocurrido. Se le puede ayudar a expresar sus sentimientos e impulsos, de esta manera el duelo toma un camino sano. Una vez producido esto, se hace menos dura la tarea de incluir a los hijos en el proceso de duelo. El padre y los hijos pueden expresar en común sus sentimientos.
Finalmente, debe considerarse que la patología y la confusión surgen al ocultar la información de la muerte a un niño o cuando se reprimen sus sentimientos niegan lo que sienten y viven “ como si todos fueran muy felices “ y el niño aprende a vivir así. Los niños son capaces de asumir y responder al duelo en forma realista y sana viviendo cada una de las fases del duelo, más adelante en el apartado 2.3 que trata sobre el manejo de emociones, explico cada una de estas fases.

2.- Ideas del niño sobre la muerte.

Las ideas de muerte de un niño derivan de sus tradiciones familiares y de la relación con su grupo de pares. Los niños comienzan a preguntar sobre la muerte cuando ven a un insecto, o a un ratón muerto; es importante responder a todas sus dudas para que se forme en él una adecuada idea de la muerte. Es conveniente decir al niño desde pequeño que todos vamos a morir algún día, que ésta es la ley de la naturaleza y que en ese momento es natural sentir dolor y deseos de que esa persona regrese con nosotros.
Se les debe hablar con honestidad y con detalles suficientes para el nivel de comprensión de su edad y etapa de desarrollo. A los niños debe dárseles seguridad, ya que frecuentemente se preocupan de si van a morir también, o si es el otro padre quien va a morir. Las respuestas deben ser honestas y directas, con un lenguaje correcto y cerciorarse de que el niño procesa la información.

3.- Consideraciones favorables al duelo.

Cuando las condiciones son favorables el niño llora a un padre desaparecido, igual que en el duelo sano del adulto.
Las condiciones para el duelo infantil más significativas son:

1.- Que haya mantenido una relación razonablemente segura y afectuosa con sus padres antes de sufrir la pérdida.
2.- Que se le dé información precisa sobre lo ocurrido, que se le permita hacer toda clase de preguntas y se le conteste del modo más honesto posible, que participe en la aflicción de la familia y si lo desea asistir a las ceremonias fúnebres.
3.- Que cuente con la consoladora presencia del padre sobreviviente, si esto es imposible, entonces con la de un sustituto de confianza y que tenga la seguridad de que esta relación continuará.

Después de la pérdida de un padre, el niño o el adolescente generalmente anhela su presencia con tanta persistencia como un adulto, a veces abriga la esperanza de que el padre desaparecido pueda volver, otras veces reconoce de mala gana que eso no puede ser y se pone triste. A veces se puede comprobar que experimenta una viva sensación de la persona muerta. Puede tener estallidos de cólera por la pérdida sufrida y en otros sentimientos de culpabilidad, también teme que el padre sobreviviente muera; es decir, el resultado de una pérdida es temer sufrir otra pérdida. A menudo puede encontrarse ansioso y tener conductas difíciles de comprender por los demás. Cuanto menor es el niño, menos posibilidades hay de que el duelo se parezca al de un adulto. El duelo de los niños se caracteriza por recuerdos e imágenes persistentes de la persona y por repetidos accesos de anhelo y tristeza, especialmente en reuniones de familia y aniversarios o cuando una nueva relación empieza a marchar mal, esto es importante cuando se espera que un niño con duelo establezca una nueva relación. El niño debe aprender a diferenciar la relación anterior de la nueva para que ésta prospere, esto es más decisivo aún cuando se trata de una nueva figura parental, pues surgen las comparaciones que son inevitables y penosas.
El niño responde mejor a los nuevos rostros si el padre sobreviviente o la nueva figura parental son sensibles al recuerdo del niño por la relación anterior.

En resumen:

¿Qué debemos evitar decir a los niños?
-Morir es igual que dormir.

-Que cuando una persona muere, no está realmente muerta.
por que hay una esperanza de volverlo a ver y esto es un obstáculo para elaborar el duelo.

-Que Dios se lleva a las personas a vivir con él, por que los necesita.
El niño puede pensar ¿Qué Dios no sabe acaso que yo también lo necesito?, y esto causa una reacción desfavorable hacia Dios.

-Que se lo llevó la virgen.
Puede pensar “ qué mala es la virgen.

-Tu hermanito es un angelito que está junto a Dios .
Puede pensar que el hermanito está mejor allá que aquí.

-Que la persona que falleció se fue a un largo viaje.
Deja abierta la idea dando una sensación de esperanza de volver a verlo.

¿Que sí les podemos decir a los niños?

Hablar del proceso de muerte con verdad y sinceridad, que la muerte es irreversible, ue todos los seres vivos mueren, que la muerte es inevitable.

2.3.- Manejo de emociones.

El niño frente a la pérdida reacciona de diferentes maneras, a continuación presento algunas de las respuestas típicas que muestran ante la muerte de un ser querido.
La Negación.- Una respuesta común es negar que la muerte ocurra. En su negación se muestran muy agresivos. Algunos niños parecen estar más contentos y juguetones después de enterarse del incidente, como si la pérdida no les hubiera afectado en absoluto. Los adultos suelen malinterpretar esta conducta creyendo que los niños son fríos e indiferentes, o que nunca llegaron a amar a la persona fallecida y pueden reaccionar con cólera o simplemente ignorar a los niños.
La realidad es que esta negación indica que el niño siente un dolor tan profundo que intenta levantar un muro para que la muerte no le afecte. Cuanto más contentos están y más activamente juegan, más les parece que el dolor se aleja. Los niños que niegan la muerte de un ser querido necesitan oportunidades para llorarla y es posible que también necesiten permiso para hacerlo. Los adultos les dan permiso para hacerlo cuando animan a sus hijos a hablar de la persona fallecida y de los sentimientos que existen ante la pérdida, y cuando constituyen un buen modelo de los propios sentimientos y de cómo se comporta ante la muerte de un ser querido.
Ansiedad.- Un niño que sufrió una pérdida teme sufrir otra. Esta actitud lo hace especialmente sensible a toda separación de la figura que cumple con las funciones de maternidad y también a cualquier hecho que le parezca indicar otra pérdida, es propenso a buscar consuelo en algún juguete viejo o manta o algo que esté relacionado con su edad.
Es comprensible que los niños reaccionen ante la muerte sintiéndose asustados y vulnerables. Intentan ocultar estos sentimientos, sobre todo a los niños de su edad, porque no quieren que sus amigos o compañeros de la escuela los consideren “ diferentes “. Los niños sobretodo pueden reaccionar con agresividad.
Cólera o Ira.- Algunos niños pequeños que pierden a un padre se ponen extremadamente furiosos por ese hecho. Suelen pasar inadvertidos especialmente cuando la cólera se expresa de manera indirecta.
La Culpa.- Es muy fácil que un niño le eche la culpa a algo o a alguien, incluso a sí mismo por la muerte de uno de los padres o de un hermanito, esto se debe a dos razones:

1.- En general un niño desconoce que es lo que causa la muerte.

2.- Los niños asignan gran importancia a lo que ven, a lo que escuchan o a lo que se les dice. El 60 % de los niños se culpa o culpa al padre por la muerte del otro. Un niño se echa la culpa si el padre que muere o el padre sobreviviente trataron de controlarlo diciéndole que su conducta estaba enfermándole o que sería la causa de su muerte, así mismo cuando oye que un padre amenaza a otro. Esto se debe a que la estructura emocional de un niño es egocéntrica; es decir, sienten que son el centro del mundo, entienden que el mundo existe y siente en base a la relación con ellos, por ejemplo, “ si mi hermano se muere fue por que al pelearme con él yo pensé “ ojalá te mueras “. En los niños pequeños el pensamiento mágico que manejan a través de la fantasía es tan poderoso como la realidad, con el simple hecho de imaginar, sienten y carecen de la capacidad de diferenciar entre fantasía y realidad, es por eso que con el simple hecho de pensar “ ojalá te mueras” hace que se consideren como “ autores de los hechos “, en este caso específico sienten que la muerte ocurrió por su causa y piensan “ todo lo que sucede a mi alrededor es mi culpa “, se viven como el asesino y como él es el culpable de esto se castiga y se vive con una gran culpa y un gran enojo sintiéndose responsable. Es por eso que es muy importante hacer énfasis en decirles y recordarles constantemente que ellos no son responsables de la situación que se está viviendo. Responsabilizar a un niño consciente o inconscientemente es abusar sicológicamente de él.

Los conceptos de permanencia, eternidad y perpetuidad son difíciles de comprender para cualquier persona. La pena que sentimos cuando un ser querido muere no es por el fallecido, sino por nosotros mismos. Estamos conscientes de que la pérdida es permanente y que nos afectará el resto de nuestra vida. Aceptar esa pérdida es esencial para un duelo sano.
Los niños a cualquier edad lloran y extrañan al ser querido que muere, sabemos que el dolor se supera mejor cuando sale fuera y que el niño afronta mejor la pérdida en un entorno que le brinde seguridad, que le demuestre afecto y calidez, además que fomente la expresión de sus emociones, proporcionar este entorno en un momento de profundo dolor es un acto de amor, ya que permite al niño darse cuenta de que nos preocupamos por él y que deseamos ayudarle a superar éste difícil período.

Es muy importante detectar los siguientes puntos:

1.- La muerte se esperaba o fue repentina?. Por lo general, el dolor dura más si la muerte es súbita.
2.-¿Qué tan unido estaba el niño a la persona fallecida?. Entre más cercana sea la relación , más largo es el proceso.
3.-¿Hasta qué punto comprende lo que la muerte significa?. Los niños que comprenden la muerte parecen superar el dolor más fácilmente que aquellos que tienen dificultades con este concepto.
4.-¿Cuánto apoyo puede darles la familia?- Cuanto más apoyo, mejor.
5.-¿Se le permite llorar la pérdida y se le alienta a hacerlo?. Esta actitud favorece un duelo normal y sano.

El camino que un niño sigue durante el duelo es tan imprevisible como los mismos niños. Lo mejor que los adultos podemos hacer es estar atentos a diferentes señales y etapas de impacto emocional, negación, incredulidad, miedo, culpabilidad, inquietud y aceptación que va experimentando y ofrecer después las palabras adecuadas en el momento adecuado. Aunque un niño no dé señales de estar viviendo la pena, puede seguir estándolo. A veces, para que se convierta en una cuestión privada y personal, es necesario dar permiso a los niños para que lloren la pérdida de su ser querido.

Para ayudarlos a superar este proceso es necesario tomar en cuenta lo siguiente:

-El tiempo.
El período que rodea a una muerte se presenta dentro de un gran caos y hay tanta desesperación que puede hacer que se pierda la noción del tiempo. El dolor de los niños es intenso y también necesitan consuelo y afecto para superarlo, necesitan hacer preguntas y expresar sus sentimientos así como la presencia de adultos afectuosos.
Esta especial atención que se les brinda les demuestra que cuentan con amor y apoyo en el momento en que más lo necesitan, de ésta manera es como comienza la recuperación y el crecimiento en los meses que siguen a la muerte acaecida.

-La compañía.
Mientras los niños lloran, se enojan, o sienten alguna culpa, es muy probable que al padre le den ganas de llorar, el compartir con ellos estos sentimientos es importante, ya que éstos disminuyen su intensidad, se reafirma la validez de expresarlos y además encuentran un gran consuelo y seguridad.

-La ayuda.
La familia y los amigos pueden ofrecerse a ayudar en algunas tareas y responsabilidades, es importante aceptarla, ya que hay que conservar la fuerza y la energía, esto ayuda a que se supere el dolor y a acompañar más a los niños.

-Romper con los mitos.
Cada niño es un individuo único, cada uno llora la muerte de su ser querido a su manera, es recomendable dejar que experimenten y expresen sus emociones del modo que prefieran. Tratar de evitar decir: “ tienes que se valiente” o “ no llores delante de todo el mundo “ o “ ahora eres el hombre de la familia”. Este tipo de mensajes reprimen y retrasan la manifestación del dolor y la pena de un niño y lo comprometen de por vida. El dolor, la cólera, la culpabilidad o la aflicción que sienten acaban por salir, intentar reprimir esos sentimientos sólo postergan lo inevitable y mientras tanto se van intensificando los síntomas del duelo.

-Expresión de sentimientos.
Es posible que los niños carezcan de preparación para expresar sus sentimientos de un modo significativo. Las emociones generadas por el impacto de una muerte pueden ser totalmente nuevas para ellos y es posible que no encuentren las palabras adecuadas para expresarse. Existen diferentes medios para ayudarlos a que se expresen, como animarlos a que dibujen, a que pinten, a que escriban cartas, poemas, a sacar fotografías, a compones canciones...Cualquier cosa que elijan y si desean hacerlo, pueden compartirlo.

-Actividades físicas.
Cuando ocurre una muerte en la familia, es muy posible que los niños se encuentren agotados, sin fuerzas y deprimidos, sus reacciones se vuelven más lentas tanto física como mentalmente, los pensamientos y las acciones pierden la vitalidad a medida que la energía negativa va minando las emociones. Existe la tendencia a rendirse y a entrgarse a la depresión. En las actividades cotidianas hay cambios. Ofrecer a los niños una oportunidad para que realicen actividades físicas, son formas de combatir la depresión , de que se distraigan. Romper la inercia del impacto que ha provocado la muerte es uno de los primeros pasos que el niño puede dar para iniciar su recuperación.

-La lectura.
Leer un libro puede ser terapéutico. La lectura consiste en hacer una abstracción del mundo para encontrarle un sentido, inventar un sentido, resignificar, abstraerse, la ficción da un nuevo lugar desde dónde mirar el mundo, abre un espacio que antes no estaba, un espacio desconocido, en el que cada quien encuentra algo..., la lectura abre cada vez un espacio de sentido en donde todos parten en igualdad de condiciones, lo cual permite que se abra el diálogo. Algunos niños prefieren leer en privado, pero a la mayoría les encanta que los padres les lean algo, es una gran oportunidad para acercarse a los niños y ayudarlos a expresar sus sentimientos.

Existen distintos tipos de textos a elegir:Los cuentos infantiles, las leyendas, los textos de filósofos, los poemas o las metáforas. En el caso del poema nos lleva a intimidar, el poema expresa, hay que entender la expresión de las emociones que manifiesta. En la metáfora encontramos un recurso privilegiado ya que crea un sentido antes inexistente. La impertinencia semántica que constituye la metáfora no es una cuestión puramente ornamental, revela aspectos de la realidad que permanecen ocultos al lenguaje descriptivo. A través de la lectura es posible autodistanciarse como una posibilidad de ver los problemas desde otro punto de vista y señala por sobre todo un antes y un después: quien ha participado de un auténtico cuestionamiento ha de verse ciertamente modificado. La transformación de cuestionamiento no es asunto de opinión, lo que se conmueve es un modo de ver el mundo que reconoce que lo mismo puede ser visto desde otro lado. Y nuevamente ver las cosas desde otro lado no es una cuestión de opinión, es la comprensión de que no hay un único sentido posible, aunque a veces solo se tenga la capacidad de ver sólo uno.

Grupos de apoyo.
Los niños suelen relacionarse mejor con otros niños que con los adultos. Existen grupos de apoyo para niños que han perdido a un miembro de la familia. Estos grupos les ofrecen la oportunidad de oír a otros niños que están experimentando unos sentimientos similares a los suyos y de hablar con ellos. Los niños aprenden que no están solos, que no son diferentes, y que es correcto hablar de lo que les está ocurriendo. Al respecto la Dra. E. Kubler-Ross, refiere que las personas que han sufrido una pérdida necesitan encontrar un lugar seguro en donde puedan gritar si así lo precisan y en donde puedan expresar verbalmente sus sentimientos. Ella estableció una serie de talleres en donde personas afligidas como los niños, los jóvenes y adultos, empezaban a liberar su angustia y compartían los recuerdos y detalles de la agonía y muerte de sus seres queridos, pero en grupo aprendían a compartir su dolor y sus esperanzas, por que al compartir con otras personas, es más fácil comprender y sentirse comprendidos.

Al invitar a los niños a participar en uno de estos gripos es posible comentarles que es una oportunidad positiva de aprender, crecer y estar con otros niños de su edad que comparten sus mismos sentimientos de pérdida en donde pueden aprender muchas cosas aplicables a este momento y también para el futuro, pero sin exámenes ni calificaciones.

Pedir ayuda a un profesional.
El proceso del duelo puede durar un año o más. La mayoría de los niños lo sobrellevan razonablemente bien, con períodos de comportarse con normalidad interrumpidos por momentos de pena. Sin embargo a algunos les resulta muy difícil. Es necesario prestar atención a las siguientes conductas:

-Llorar en exceso por largos períodos.
-Rabietas frecuentes y prolongadas.
-Cambios extremos en la conducta.
-Cambios bruscos en el rendimiento escolar y las calificaciones.
-Aislarse durante tiempos prolongados.
-Pérdida de interés en sus amigos y actividades favoritas.
-Alteraciones a la hora de dormir, pesadillas e insomnio.
-Dolores de cabeza frecuentes u otras dolencias físicas.
-Pérdida de peso.
-Apatía, insensibilidad y una falta general de interés por la vida.
-Pensar negativamente acerca del futuro durante mucho tiempo o no demostrar interés por él.
-Esperanzas de reunión con la persona fallecida y deseos de morir él también.

Si los niños manifiestan estas actitudes o conductas, es importante recurrir a la ayuda de un profesional, porque pueden indicar la presencia de una depresión o de un sentimiento de dolor sin resolver.

2.4.- La Recuperación y La Aceptación.

Una conmemoración es un elemento vital para la recuperación ya que ayuda a aceptar una pérdida y a superar el dolor, el miedo y la soledad que nos causa. Fomenta serenidad.
En 1934 un individuo llamado Reihold Niebuhr escribió una oración,muy apropiada para la etapa del duelo y del restablecimiento. Esta oración puede ser de utilidad para compartirla con los niños:

“ Señor, danos serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar. Valor para cambiar lo que sí podemos cambiar y sabiduría para conocer la diferencia entre ambas situaciones.”

Recordar la vida de un ser querido con gran cariño y destacarla de un modo significativo muestra que estamos encontrando la paz que otorga la aceptación. Sabemos que no podemos hacer que el ser querido vuelva a la vida. Es inevitable cambiar el hecho de que haya muerto, pero ya no hay cabida para la culpabilidad, el remordimiento o el arrepentimiento, sino que estamos llenos de amor y de serenos consuelo.
Ayudar a los niños a recuperarse de la muerte de un ser querido requiere de afecto, de un gran compromiso y de tiempo. El impacto de la pérdida debilita su autoestima y la sensación de seguridad que tienen. El futuro se presenta para ellos incierto, pueden creer que la muerte los ha vuelto “diferentes” de los chicos de su edad y que a partir de ahora arrastrarán la carga del pesar y del sentimiento de culpa.
Recuperarse no significa eliminar la tristeza, añoranza y angustia, ni tampoco es una especie de amnesia optativa en la que uno se olvida de la muerte del ser querido. La persona que ha fallecido era y debe seguir siendo, una parte importante de la vida de los niños, lo cual es uno de los objetivos de una conmemoración. El duelo acaba cuando se puede pensar en el fallecido sin dolor intenso, cuando se recupera el interés por la vida hay mayor esperanza y gratificación, también cuando hay una mayor adaptación a nuevos roles , por eso es importante animar a los niños a seguir con su vida, a fijarse y alcanzar metas a jugar y a relacionarse con los demás niños de su edad. Con el tiempo, acaban aceptando la muerte como una realidad y los cambios que ha provocado y se adaptan internamente para progresar como seres humanos normales, sanos y felices.

3.- SENTIDO DE VIDA, SENTIDO DEL SUFRIMIENTO Y AUTOTRASCENDENCIA.

El hombre es un ser que busca sentido a través de la realización de valores, indispensables para poder hablar de espíritu, Frankl pone acento en las potencialidades del espíritu, que nada ni nadie puede destruir.
En estos casos la importancia de la Logoterapia se convierte en un instrumento valioso para lograr un mayor crecimiento interior y de ésta manera las pérdidas son canalizadas en ésta dirección.
Algunas veces es posible modificar las circunstancias y en otras ocasiones resulta imposible, pero sí se puede modificar nuestra actitud y nuestra percepción ante ellas. En este caso se trata de elegir la actitud que aquí y ahora se va a tomar para hacer frente a este destino, teniendo en cuenta esta pérdida, la persona se obliga a preguntarse el como de este cambio, no hay más que una respuesta, la vida tiene que tener siempre un sentido por el cual vivir, cuando un sentido desaparece, es urgente buscar otro, realizar valores e ir más allá del propio sufrimiento con la autotrascendencia.
Víktor E. Frankl en su libro “ El Hombre Doliente menciona que hay tres pistas para encontrar el sentido:( 2000-72)
“ Primero, realizando una acción o creando una obra; segundo, contactando con algo, sea naturaleza o arte; quiero decir, con algo o con alguien; y tomar contacto con alguien hasta su ser único y singular significa amarle. En otros términos el
sentido se puede encontrar tanto por la vía regia activa como por la contemplativa.
Y, finalmente, se deduce que además podemos encontrar el sentido en el trabajo, en el amor y también cuando somos víctimas impotentes de una situación desesperada, una situación que no podemos cambiar, en la que sólo podemos modificar nuestra propia actitud, cambiándonos a nosotros mismos, madurando, creciendo, trascendiéndonos y dando así testimonio de la facultad más humana del hombre: la de transmutar una tragedia personal en triunfo.”

Y ¿Cómo se plantea la cuestión del sentido del sufrimiento?
(2000-297).

“El que pregunta por el sentido del sufrimiento, olvida que el sufrimiento mismo es una pregunta, que somos nosotros los interrogados, que el hombre doliente es el interpelado: éste no ha de preguntar, sino responder, responder a la pregunta, aguantar la prueba: ha de realizar el sufrimiento. En el modo de asumir el sufrimiento impuesto, en el cómo del sufrimiento, esta respuesta del porqué al sufrimiento se entiende, ante el sufrimiento inevitable, el único susceptible de cargarse de sentido y el único que posibilita los valores de actitud.
La respuesta que el hombre doliente da mediante el cómo del sufrimiento a la pregunta del porqué del sufrimiento es siempre una respuesta muda. Si el sufrir tiene sentido, también lo tiene el compartir el sufrimiento, la compasión y como el sufrir, el compadecer es mudo: el lenguaje tiene límites. Donde las palabras dicen tan poco, huelga toda palabra”.

En cuanto a la trascendencia esencial del ser humano la define como:
(2000-2120).

“La supertransferencia hacia algo o hacia alguien: Hacia un sentido por cumplir, o hacia un semejante que sale al encuentro; en todo caso el ser humano es realmente humano en la medida en que se disuelve en el servicio a una causa o en el amor a una persona; cabe afirmar que el hombre se realiza a sí mismo en la medida en que pasa por alto y se olvida de sí con la entrega de una misión o a su semejante”.
Es posible que los padres de familia se consideren a sí mismos como “ tipos creativos” , pero desde el día en que se iniciaron como tales pusieron su pie en el camino creativo más antiguo y transformativo que conoce la humanidad. Los hijos están en camino de descubrir el mundo y, a lo largo de ese proceso, de llegar a ser ellos mismos, como padres, comparten ese viaje, con todos sus altibajos, con todas sus alegrías infinitas y sus extravíos. Esta es una misión sagrada.
Es maravillosa la relación diaria con los niños y la trascendencia de la labor parental para preparar a los pequeños para una vida en sociedad y para enseñarles a transformarla. El futuro de los niños depende de su disposición a contribuir a que el mundo que les rodea sea mejor. Un niño se convierte en una persona capaz de mantener relaciones afectivas y responsables experimentando una relación responsable y amorosa con un adulto.
Un niño necesita descubrir que sus sentimientos son respetados por aquellas personas a las que quiere como fuente de conocimiento de su mundo, que puede confíar en lo que sabe acerca de su ser, que dispone de una brújula interna. Cuando se le ayuda a un niño para que aprenda a prestar atención a los impulsos de su alma, aprende a ser responsable en el sentido originario de la palabra, a responder al dictado de su corazón y a su relación con los demás. A través del ejemplo, del amor, de la presencia y del contacto que establece un padre con sus hijos, éstos aprenden a hablar con el corazón; a reconocer diferentes sentimientos y a nombrarlos, a confiar en sus percepciones, a otorgarle un significado a los acontecimientos que ocurren en su entorno.
Cuando surge algún conflicto y se les responde de manera positiva; es decir con amor y límites, los niños aprenden a afrontar sentimientos de los que resulta difícil hablar, así como a afrontar la vida de un modo creativo.
La formación de una familia centrada en los valores y en el sentido constituye un camino que considero espiritual, es decir constituye un camino a través de la vida familiar con todas sus alegrías, tensiones, y sufrimientos del diario vivir. A lo largo de los años conduce, desde la riquísima y desbordante relación que los padres disfrutan con un niño pequeño que está aprendiendo a reconocer y a expresar afecto, directamente a la compleja lucha interna de encontrar significado en las diferente tonalidades de grises que caracterizan las relaciones adultas, así como todas las situaciones planteadas por la vida.
Todo apoyo que se pueda brindar al desarrollo del alma infantil constituye un reconocimiento de su condición de ser vivo, su impulso natural hacia el crecimiento y hacia el mundo relacional.
En las escrituras de la Biblia, Proverbios, Eclesiastés, Job-. Se encuentran un enorme caudal de enseñanzas sobre la integridad y la virtud humana, extraídas no de valores abstractos o de declaraciones místicas, sino de la misma experiencia vital. La sabiduría, personificada en “ Sofía “ en los evangelios gnósticos procedentes de los griegos, es un ser divino, femenino, que no representa el pensamiento de Dios, sino, a un ser compasivo con grandes deseos de relacionarse y de dar rienda suelta a su creatividad, Sofía puede oscilar entre el cielo y la tierra y al fomentar la integridad emocional de los niños justamente se está realizando eso. Se necesita ese forcejeo interno para establecer conexiones entre nuestros valores espirituales y la experiencia de cada día.
Los niños tienen un acceso más directo a sus sentimientos que los adultos y se esfuerzan por reconciliar sus sentimientos con su creciente toma de conciencia de la vida en toda su complejidad. Así es que es de vital importancia ayudar al niño a vivir en un mundo real repleto de contradicciones. Enseñarles a seguir la línea difusa que separa la individualidad de la generalidad, entre ser un jugador de equipo y defender sus propios criterios, entre encontrar la serenidad y armarse de valor.
En la actualidad existe una tendencia de muchos padres de familia, sobre todo en ámbitos urbanos, que piensan que los niños deben solamente conocer el lado bueno de la vida y tienden a omitir los temas relacionados con el dolor como la muerte, la enfermedad, el envejecimiento, la discapacidad, presentándose, incluso, casos de padres de familia que se oponen a la integración de niños con necesidades educativas especiales en la escuela en donde asisten sus hijos. Que están muy pequeños para conocer el dolor, hay que darse cuenta que los niños en estos casos están influenciados por los perjuicios y los miedos de los adultos.
Enseñarles a los niños que la vida tiene su claroscuro y brindarles una preparación para enfrentar la realidad es mejor para ellos.
Cito un ejemplo de la madre de José Vasconcelos, quién después de un enfrentamiento con contrabandistas que asaltaron el fuerte donde vivía la familia en Piedras Negras le habló de este modo:

“ Si vienen los Apaches y te llevan consigo, tú nada temas, vive con ellos y sírvelos, aprende su lengua, háblales de nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros y por ellos, por todos los hombres. Lo importante es que no lo olvides: Hay un Dios Todopoderoso y Jesucristo su único Hijo. Lo demás se irá arreglando solo. Cuando crezcas un poco más y aprendas a reconocer los caminos, toma hacia el sur, llega hasta México, pregunta ahí por tu abuelo, se llama Esteban,... Sí; Esteban Calderón de Oaxaca; en México le conocen; te presentas, le dará gusto verte; le cuentas cómo escapaste cuando nos mataron a nosotros... Ahora bien si no puedes escapar y pasan los años y prefieres quedarte con los indios, puedes hacerlo; ... las lágrimas cortaron su discurso y afirmó: Con el favor de Dios nada de esto ha de ocurrir. ( Vasconcelos, 1982:1-10).

Sabia e intuitiva aprovechó una situación de la vida para hablar con franqueza y calidez. Le mencionó los peligros a los que estaban expuestos, pero le dio también la confianza en sí mismo, y esperanza en que todo se puede arreglar, fue realista en sus consejos para que su hijo pudiera sobrevivir en una situación adversa y le deja abierta la posibilidad de que él decida su destino.
En la actualidad la realidad de accidentes, secuestros y asaltos inclusive en el propio hogar, es noticia de todos los días y la forma de prevenirlo, enfrentarlo y saber lo que se puede hacer en caso de vivir un hecho lamentable puede ser un tema de conversación interesante entre padres e hijos.

3.1 Cómo Ayudar al Niño a Seguir Adelante.

Se desconoce el tiempo en el que un niño puede recuperarse de la pérdida de un ser querido, el antiguo dicho “ El tiempo lo cura todo” es inaplicable en este caso. El paso del tiempo ayuda a calmar la intensidad del dolor y a desdibujar los recuerdos, pero en sí mismo carece de curación. Algunos investigadores creen que para que la intensidad del dolor disminuya, han de pasar dos años. Lo unido que estaba al ser querido, las edad del niño y las circunstancias de la muerte, juegan un papel importante para su recuperación.

A continuación presento algunos consejos a tener en cuenta en la recuperación de los niños que lloran alguna pérdida.

1.- Paciencia y limites.- Ser pacientes mientras los niños lloran, se enojan, hacen preguntas y expresan su inseguridad y frustración. También se les puede pedir que sean pacientes con los sentimientos de los adultos durante esta difícil época. Evitar pedirles que “ sean valientes o que recuerden que a mamá ahora le gustaría que se comporten como un adulto “. Es necesario que sepan que cuentan con el tiempo y un espacio para explorar sus sentimientos y seguir siendo niños.
Ser paciente no significa permitirles un mal comportamiento. Los niños necesitan tener unos límites, sobre todo cuando sus emociones están llenas de confusión y su vida se ha trastocado a causa de la muerte de un ser querido. Si dan guerra, evitan las responsabilidades y sus deberes, necesitan saber que estas conductas son inaceptables. Si expresan sus sentimientos de un modo inapropiado o destructivo necesitan que se les muestren mejor formas de expresarlos. Dejarles claro que se espera de ellos. Por muy rebeldes que se muestren, lo que realmente desean es tener unos límites y una estructura en su vida.
Algunos padres tienden a ser demasiado indulgentes y tolerantes con sus hijos después de una muerte por que “ Los niños han sufrido mucho “, pero esto es un error. Hacerles saber que lo que se espera de ello es que hagan sus tareas, acaben sus deberes y se comporten adecuadamente. Cuando rompen las reglas, hacer que asuman las consecuencias. Con esto se les demuestra que los adultos los aman, que se preocupan por ellos y al mismo tiempo se les está dando la sensación de seguridad.

2.-Desarrollar la autoconfianza.- Hacer todo lo posible para aumentar la autoestima de los niños en los momento en que se sienten debilitados. Elogiarlos y halagarlos a cada oportunidad que se presente. Mostrar un verdadero interés por sus deberes, intereses, actividades exteriores y amigos, Escucharlos cuando hablen y prestarles atención como sea posible, por la noche dedicar un rato a tranquilizarlos y ayudarlos a dormir. Ser generosos con los abrazos y las palabras afectuosas. Mostrar el amor que se les tiene abiertamente y sonreírles mucho. Decirles lo orgullosos que están de ellos. Ahora más que nunca es cuando los niños necesitan saber la importancia que tienen para sus padres.

3..- Motivarlos y mostrarles un camino.-La pérdida de un ser querido puede hacer que los niños tengan una sensación de desesperanza, de que ya nada importa, de que apenas pueden controlar nada y que el futuro es incierto e imprevisible. Pueden retraerse en la inactividad como una forma de protegerse.
Animarlos a jugar, a participar en actividades que les gusten y a salir con los amigos. Darles oportunidades para disfrutar de la vida y volver a ser niños. Ayudarlos a concentrarse en el presente y en el futuro. Explicarles los cambios que tienen lugar a causa de una muerte, es necesario exponérselos de forma positiva.
Trabajar con ellos para que logren metas alcanzables. Al principio pueden ser metas sencillas y a corto plazo y, poco a poco, a medida que vayan progresando en la recuperación, ser más complejas y a largo plazo. Si los niños pequeños se muestran preocupados o ansiosos, se les puede ayudar asignándoles un detallado programa diario. Especificarles a qué hora se van a levantar, la hora de recogerlos en el colegio, qué es lo que harán después de salir de él, qué comerán para la cena y cuando se acostarán. Este programa les proporciona una sensación de seguridad y unas actividades concretas que esperan con ansia y en las que confían. Se puede ir reduciendo poco a poco el programa, a medida que los niños van adquiriendo sus propias rutinas y volviendo a la normalidad. A los niños de mayor edad les va bien discutir los planes que tienen para la secundaria al concentrarse en el futuro, se les está diciendo a los niños que el pasado no se puede cambiar y que ha llegado el momento de seguir con su vida. Recordarles a menudo que su dolor va disminuyendo y que el futuro sigue siendo prometedor para ellos.

4.- Que puedan elelgir. El dejar elegir a los niños les llena de fuerza y les da la sensación de poder controlar su vida. Al hablar a solas con cada uno de ellos o durante reuniones familiares, proponerles diversas opciones. En la medida de lo posible , dejar que decidan cuando quieren hacer sus deberes y sus tareas, qué actividades desean realizar al salir del colegio y qué libros desean leer. Invitarlos a planear conjuntamente las vacaciones y las salidas familiares e incluirlos en las decisiones de la familia.

5.- Que resuelvan sus problemas. Aprender a resolver problemas es útil en cualquier ámbito de la vida y además reduce la ansiedad de los niños y aumenta su autoestima. Cuando los niños saben abordar un problema y resolverlo solos confían más en el futuro y en ellos mismos. Una forma de enseñarles es presentarles unos dilemas hipotéticos para que se cuestionen y evalúen las posibles soluciones, por ejemplo: “ Tu mejor amigo te ha estado comprando caramelos, juguetes y otros regalos. Un día te dice que quiere contarte un secreto, pero que le tiene que prometer que no se lo dirás a nadie. Se lo prometes. Entonces te confiesa de donde ha sacado el dinero para hacerte los regalos. Ha estado robando pequeñas cantidades de dinero del monedero de su madre. ¿Qué es lo que tú harías?. Anotar cada solución propuesta en la parte superior de una hoja. De debajo de las soluciones trazar dos columnas. Titular una de ellas Ventajas y la otra Desventajas. Deja que los niños evalúen cada solución escribiendo sus ventajas y desventajas. Animarlos a encontrar soluciones y analizarlas los lleva a revisar el tema de la libertad, la responsabilidad y a asumir sus consecuencias.

6.- El valor de la unión familiar. Hacer saber a los niños que siguen formando parte de una familia que se mantiene unida. Explicarles que las familias que se mantienen unidos para superar el dolor y seguir con su vida son más fuertes que los individuos que lo intentan hacer solos. Tanto la tristeza como los recuerdos se valoran más cuando se comparten, los planes para el futuro son más divertidos cuando todos participan en ellos. Hacerles saber que el hecho de formar parte de una familia significa que ninguno de ellos está solo.

7.-Promover su felicidad. Los niños que lloran la pérdida de un ser querido necesitan recibir permiso de volver a ser felices. Necesitan saber que es natural jugar, aprender, reír y amar. Al igual que durante el proceso del duelo, los niños imitan la conducta de los adultos que se ocupan de ellos, también desean saber como actuar durante la recuperación. Ser un buen ejemplo para los niños, salir con amigos, bromear, relajarse , sonreír y volver a gozar de la vida. Decir a los niños que una vida feliz y exitosa es la mejor manera de conmemorar a alguien que ha muerto. Eso es lo que el ser querido hubiera deseado.

4.- UTILIDAD DEL JUEGO, DEL ARTE Y DE LA LECTURA DE CUENTOS COMO UN APOYO DURANTE LAS FASES DEL DUELO.

Para preparar al niño cotidianamente a ver la muerte como un fenómeno natural y ayudarlo en la elaboración de su duelo cuando sea el caso, además de las recomendaciones anteriormente mencionadas, es posible acudir a la fantasía creadora que se expresa en el juego, el dibujo y el cuento, puesto que la fantasía, es decir la imaginación libre, no controlada por la lógica de la razón, les permita resolver sus conflictos internos, elaborar sus duelos y adaptarse a la vida.

1.- El Juego.

El juego es una actividad generadora de placer que no se realiza con una finalidad exterior a ella sino por si misma. ( Arnold Russel ).

Características del juego:

1.- Es una actividad libre, supone la capacidad inventiva del jugador, no prevé resultados.
2.-Es ficticia, la conciencia específica de la realidad es seguida de irrealidad en relación a la vida cotidiana.
3.- Es placentero, es agradable para quien lo realiza.
4.- Genera orden.

Objetivos del juego:

1.- Comprensión y expresión de emociones.
2.-Comprensión de las causas fundamentales de la conducta.
3.-La comprensión del Yo en el niño.

Para Melany Klein el juego no es simplemente la satisfacción de un deseo, sino un triunfo y dominio sobre la realidad penosa mediante el proceso de proyección en el mundo exterior de los peligros internos.
Es importante que el niño pueda vencer la realidad por medio del juego, pero es aún más importante para su desarrollo la libertad de transformar un acontecimiento en el que es sujeto pasivo en otro acontecimiento en el que sea el controlador activo.
En los juegos los niños escenifican lo que existe en su mundo interior, sus temores sus miedos y sufrimientos, se expresan de una manera espontánea y controlada a la vez por ellos mismos y esto les pemite asimilar y aceptar poco a poco su realidad.
En el juego simbólico compensatorio , por medio de la alternancia de la realidad con la fantasía, el niño resuelve una serie de conflictos interiores y aprende a adaptarse a la vida. Por eso es necesario dejarlo jugar lo más que se pueda, evitar reprimir esa forma de expresión, sobre todo en un período de duelo y evitar comentarios con respecto de su actuación- ¿Cómo puedes pensar en jugar en estos momentos?, la risa y el juego son para el niño tan necesarios como el llanto en la resolución de un duelo y los juegos que pueden parecer a los adultos totalmente inadecuados en cierto momento son para el niño la vía normal para aceptar la realidad de la muerte o cualquier otra pérdida significativa.
Además de que el juego sirva para propósitos educativos y terapéuticos en la vida del niño, también es la forma en la que el niño ensaya las actividades y los papeles sociales y se familiariza con los objetos y las personas de su ambiente. Es el principal medio de comunicación del niño. Dentro de éste es donde se revelan las preocupaciones y las fantasías. Además de ser de naturaleza instructiva y catártica el juego es también autorrevelador y puede utilizarse para comprender con mayor claridad las preocupaciones y los sentimientos del niño. Harley y Cols. ( 1952 ), comentan que, “ leer el lenguaje del juego es leer los corazones y las mentes de los niños “. Al respecto es también una vía recomendable para experimentar y dominar la comunicación interpersonal verbal. Con el juego, los niños ensayan y actúan lo que ven y oyen y de esta manera, al mismo tiempo, revelan que dominan a las personas que los rodean y a su mundo.
El juego además de ser catártico, autorrevelador e instructivo es también divertido y por ello automotivante. La verdadera naturaleza del juego es no tomarlo en serio. Y a pesar de que es parte de un asunto serio de la infancia a través del cual los niños aprenden a manejar mejor todos los recursos propios, evita ser tomado con demasiada seriedad por ellos. De este modo los niños se sienten libres y espontáneos para ser ellos mismos y para divertirse ensayando cosas. En general, el juego en sí tiende a ser un medio invitador con el que se puede ayudar a los niños a darse cuenta de sí mismos.

2.-El Arte Como Medio Terapéutico De Juego.

A través del tiempo el arte ha sido de gran importancia como medio terapéutico, considerándose como un área de actividad expresiva y creativa. Desde la antigüedad se ha utilizado para enriquecer la vida. Sus representaciones simbólicas pueden haber ofrecido un sentimiento de control sobre las fuerzas externas y también sobre las de naturaleza interna, siendo el punto de reunión entre el mundo exterior y el interior. Estas representaciones también sirvieron como una forma de comunicación. La historia personal, las emociones, la historia y los valores del grupo se transmitían por medio de obras gráficas. Así, el arte representa una salida emocional y física que origina un vínculo comunicativo entre el producto y el receptor de esa producción.
El arte y el juego se han utilizado como métodos terapéuticos autoexpresivos significativos en personas de diferentes edades, condiciones y diagnósticos, así como para diferentes objetivos terapéuticos y propósitos. El arte se utiliza con niños como una oportunidad benéfica para su crecimiento y satisfacción personal.
Como mencioné anteriormente, el juego proporciona al niño una oportunidad natural, sencilla y no amenazante para revelar sus temores, esperanzas y fantasías. Esto se representa en una forma de comunicación simbólica que ofrece una oportunidad para la expresión de sentimientos y de pensamientos.
Dentro de este contexto, los niños se expresan más abiertamente y se pueden comprender los problemas de lo que evitan hablar. A través de las actividades del arte, el niño exterioriza sus preocupaciones con mayor facilidad.
Existen algunas semejanzas entre el arte y el juego, así como diferencias significativas. Por ejemplo, la utilización de juguetes en el juego, comprende objetos cuyas funciones están ampliamente predeterminadas, en tanto que el arte permite al niño crear y hacer funcionar algunas formas. Estas creaciones pueden ser tan variadas, imaginativas y personales como el niño lo desee y cada una representa una afirmación personal.

Los fundamentos para incorporar el arte al juego son:

1.-Los medios del arte facilitan la comunicación con los niños sin considerar posibles barreras de lenguaje, cultura, experiencias reprimidas y resistencia.
2.- Las actividades del arte alientan la creatividad, la espontaneidad, la autoexpresión y el descubrimiento.
3.- Las producciones artísticas suministran medios proyectivos similares a la catarsis en la que los niños proyectan sus sentimientos, sus ideas y sus preocupaciones.
4.- Debido a que en el trabajo artístico existe un producto final definitivo, trabajar en un ambiente artístico significa una proceso activo, creativo e intuitivo que permite que surjan todo tipo de sentimientos, en donde posteriormente se facilita el diálogo.

Lo más significativo para el abordaje del duelo es el valor proyectivo que tiene; es decir, el niño refleja su personalidad, su vida emocional, el conocimiento y la comprensión que tiene de la realidad. Par reproducir la realidad que trata de plasmar en el dibujo, el niño necesita ser capaz de identificar los colores, controlar sus movimientos y desarrollar la motricidad fina que le permita llevar su mano por el camino que su imaginación le dicta.
Entre las características del dibujo están el realismo, la expresión y la comunicación. El niño dibuja la realidad que le es significativa, como la conoce la plasma como la ve , no como es.
Por medio del dibujo expresa lo que piensa y siente, dando salida a los productos de su imaginación, comunica su mundo interior para lo cual el adulto debe ser sensible y prudente en su imaginación.
En el dibujo del niño que elabora un duelo, lo que interesa es el mensaje que transmite, no lo bien hecho que pueda estar. El niño traslada su estado de ánimo al papel, por ello es innecesario obligarlo a dibujar si carece de la necesidad de hacerlo, debe dibujar por placer y necesidad.

3.- El Cuento.

Los cuentos nos conectan con las formas más antiguas y tradicionales de fomentar nuestro bagaje emocional: la familia, la cultura y las raíces espirituales. Crean padres e hijos que comparten un mismo lenguaje, cuyas palabras como pum... zaz... auch!..., tienen ubn toque mágico, son palabras que expresan sentimientos que, de otra manera se dificulta verbalizar.
Cuando se escucha la palabra “ Érase una vez”, se experimenta a la vida de una manera determinada que se sale de lo común y, que sin embargo, resulta asombrosamente parecida a la de los adultos.
Nada más real que un cuento, la mayoría de los adultos han olvidado como se sienten las personas de talla baja en un mundo de un metro ochenta.
El Psicoanalista Bruno Betelheim señala en su emblemático libro de Uses of Enchantment, “ la tarea más importante y difícil está en la educación de un niño y es la de ayudarle a encontrar sentido en la vida. El niño mientras se desarrolla aprende paso a paso a comprenderse mejor, así se hace más capaz de comprender y relacionarse con las personas que forman parte de su entorno de un modo mutuamente satisfactorio y lleno de significado. En esta tarea lo más importante en primer lugar es la relación con los padres y o cuidadores del niño y el impacto que estos causan en él. En segundo lugar, siguiendo a Betelhein, está la herencia cultural si se transmite al niño de la manera correcta. Cuando los niños son pequeños la literatura es la que mejor aporta el contenido cultural.
La literatura ofrece grandes posibilidades a los niños en su crecimiento, aumenta el vocabulario, lo cual le facilita la adquisición de todo tipo de aprendizajes, desarrolla la imaginación proporcionándoles goce estético y le promueve un pensamiento crítico y propositivo. También le proporciona ayuda psicológica, ya que expresa su mundo emocional. Y en especial el cuento, que representa el mundo emocional de los niños con sus conflictos y complicaciones, es un excelente recurso para su formación, entre otras cosas por lo que ayuda en el manejo de su afectividad, el niño necesita sentir estabilidad emocional, lo cual se la da la identificación con la historia y los personajes que se relacionan con su mundo interior.
Los cuentos enseñan mediante imágenes verbalizadas, ayudan a transmitir a los niños la importancia de los valores a través del amor que los adultos sienten por ellos, en lugar de transmitir buenos consejos “ encerrados “ en un paquete cuidadosamente envuelto, abren el debate,, las historias de terror ayudan al niño a explorar los peligros del mundo a un nivel simbólico, sin reglas, sino alentando a los niños a confiar y a poner a punto su sistema natural de protección, sus propios instintos. Cuando el protagonista de un cuento de hadas deja de prestar atención a lo que le dictan sus ojos, sus oídos y su corazón, las casas se derrumban y las abuelitas son engullidas por los lobos. Hacia el final de la historia, el héroe por lo general acompañado por una mujer sabia o por un cazador amigo sale ileso del trance y con la lección bien aprendida. A un niño que escucha estas historias se le enseña que debe ser prudente, también se le tranquiliza diciéndole que con tiempo e inteligencia y la ayuda de los asuntos que le cuidan aprenderá algún día a protegerse de los peligros y a enfrentarse a las diversas situaciones que la vida le presenta.
También se puede ayudar a los niños a desarrollar cualidades éticas, una vida interior rica, la aptitud de preocuparse por los demás, de llevarse bien con la gente y la capacidad de aportar creatividad a las situaciones aparentemente desesperadas que se puedan presentar en sus propias vidas y en el mundo que los rodea, pues de ello depende su futuro.
En los cuentos de hadas y fantásticos se hace referencia a los problemas existenciales del niño: La necesidad de ser amado, el temor a la muerte y el amor a la vida, muchos de ellos inician con el mayor temor del niño; la muerte, el abandono de sus padres, la soledad. Por ejemplo, La Cenicienta, Blanca Nieves, Hansel y Gretel, entre otros. Mediante la lectura el niño, aumenta la comprensión de sí mismo, de los demás, de la naturaleza humana, de la vida y de la muerte.

Es recomendable elegir las grandes temáticas de los cuentos a partir de las características del desarrollo de los niños.

En los dos primeros años de vida las poesías, las canciones y las rimas son muy atractivas para los niños, cuando son narrados con calidez y un componente lúdico.

Hasta los cuatro o cinco años los cuentos que hacen referencia a su pensamiento mágico y animista les agradan, son los que le dan vida a objetos y animales con los cuales se identifican, pues les asignan sus sentimientos y pensamientos.

De los cinco a los siete años los cuentos fantásticos y de hadas les estimulan la fantasía y la imaginación creadora.

A partir de los ocho años de edad se empiezan a interesar por los cuentos cuyo protagonista es el niño y hacia los once o doce años se interesan por la novela de aventuras.

En términos generales ésta es la secuencia aunque es importante tomar en cuenta que los interesas de la lectura dependen de muchas circunstancias. Para acompañar a un niño en su proceso de duelo la literatura es una buena aliada, entre la gran cantidad de títulos que hay actualmente, se puede hacer una selección de los que más se adapten a las circunstancias del niño, su situación específica, su edad y sus necesidades.
También se les puede narrar un cuento inventado por nosotros, siempre y cuando tengamos los elementos indispensables que señala Tolkien que son:
1.- La fantasía.
2.- La superación.
3.- La huída.
4.- El alivio.
Superación de una profunda desesperación, huída de un enorme peligro, y sobretodo alivio. “Por muy fantásticas o terribles que sean las aventuras, el niño toma aliento, su corazón se dispara y está a punto de llorar cuando se produce el final “ . (cfr. Betelheim, 1997 , 8:204 ).

CONCLUSIÓN.

El trabajo que presento es el resultado de varias experiencias de pérdidas muy dolorosas que viví en el año de 1994, iniciando con la muerte de mi padre que de alguna manera ya la esperaba, meses después murió el hijo de mi hermano y posteriormente en un accidente de avión una amiga entrañable de la infancia de mi hija perdió la vida junto con toda su familia.
Ante este gran dolor que me rodeaba confirmé que cuando mueren nuestros seres queridos con ellos se van universos enteros por que además de que perdemos a las personas, perdemos nuestra relación con ellos, con todo lo que ello implica.
El proceso de mi duelo fue bastante complicado, afortunadamente en mi camino encontré la gran ayuda que mi brindó mi esposo, su apoyo incondicional fue importantísimo para mí y es aquí en donde entra la Logoterapia en mi vida sin conocer aún su teoría: Tenía frente a mí una gran montaña que escalar, esto es, vivir mi duelo y ayudar a mis seres queridos en el suyo y esta fue una de las experiencias más enriquecedoras para vivir el proceso de mi duelo, le dio un gran significado y un propósito que me ayudó a descubrir oportunidades que antes permanecían ocultas para mí. Es decir ver el mundo a través de la experiencia de mis seres queridos, me ayudó a escapar de mi propio cautiverio, el contribuir a la felicidad de otras personas me ayudó a encontrar un gran significado.
Así es cómo se originó la elaboración de este manual con el cual pretendo compartir una experiencia muy importante en mi vida.
Deseo con todo mi corazón que la información aquí presente pueda iluminar de alguna manera en su camino, a los padres de familia y a todas aquellas personas que se relacionen con los niños y que estén interesados en ayudarlos, en la elaboración del duelo por la pérdida de un ser querido y descubran la relación que existe entre la Logoterapia como un sendero que nos lleva hacia la introspección, la Tanatología para entender y vivir el proceso del duelo y la presencia del juego , el arte y la literatura como medios para facilitar el autodistanciamiento, la expresión de sentimientos y la autotrascendencia.
La vida evoluciona tan de prisa actualmente que el mismo cambio se considera una virtud. Estamos llamados a enfrentar nuestros temores innatos con valentía y aprender a aceptar el cambio como una nueva oportunidad que se nos ofrece, siento que es importante que estemos conscientes de aprovechar el tiempo trabajando con los aspectos que si podemos modificar, volviendo la mirada hacia el interior para así enfrentar las pérdidas que son parte de la vida y utilizar los valores de actitud, para lograr una vida plena y así autotrascendernos.

5.- EN DONDE ENCONTRAR AYUDA.

SMAEL:
www.logoterapia.com.mx

Tanatólogo en línea:
www.tanatologia.entornomedico.org

Inst. Mexicano de Tanatología:
www.tanatología.org.mx

Asoc. Mexicana de tanatología:
amtac@starmedia.com


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